Durante los 50 primeros años del siglo XX, el aspecto más destacable de la historia de la mujer chilena corresponde a la llamada «emancipación femenina» entendida como el proceso —aún inconcluso - del progresivo ingreso de la mujer al mundo del trabajo, de la cultura y a una participación cada vez más activa en política. Y la superación de su rol tradicional en el hogar.
A principios del siglo XX la mujer estaba relegada a un discreto segundo plano. Cuando contraía matrimonio, quedaba bajo la potestad del marido y si trabajaba no tenía derecho a disponer de su salario.
SABER ES PODER
Con algunas excepciones en el siglo XIX, en 1913 aparecen en Chile los primeros movimientos femeninos organizados: clubes y asociaciones de mujeres que buscaron mejorar la situación de la mujer y democratizar la sociedad. Una de las principales razones que explican este «despertar» sería la toma de conciencia, por parte de un número creciente de mujeres, de las limitaciones impuestas a su educación, por lo menos entre los estratos medios. Aunque el 6 de febrero de 1877 se dictó el famoso Decreto Amunátegui (firmado por el entonces Ministro de Instrucción Pública, Miguel Luis Amunátegui, bajo la presidencia de Anibal Pinto), que otorgó a la mujer el derecho a ingresar a la Universidad, en la práctica la educación continuó, por una cuestión de hábitos y costumbres, reservada a los varones. Sólo entre las clases acomodadas la mujer podía tomar lecciones de música, leer a los poetas greco latinos y alguna novela francesa de carácter romántico y educativo. Para su formación normal debía aprender «labores de mano y los buenos modales de una dama», como preparación para el matrimonio. También, y como parte de la formación religiosa, debía conocer el Catecismo y las vidas ejemplares de los santos. La mujer de escasos recursos no tenía otro acceso a la cultura que la vía oral, ni más conocimientos que la sabiduría popular. Aunque Chile aparece como pionero en cuanto a la formación de mujeres profesionales —en 1887 se titularon de médicos Eloísa Díaz Insunza y Ernestina Pérez Barahona, las primeras de Chile e Hispanoamérica—, la verdad es que éstas no eran bien miradas y se ejercía una evidente presión psicológica sobre ellas. Escribir o traducir un libro en esos años era inadmisible para una mujer. En efecto se las sancionaba por el simple acto de leer o estudiar.
En este fragmento escrito y descrito por Adolfo Pardo nos transporta a tiempos remotos donde en Chile la mujer no tenia influencia en el ámbito político democrático, en su educación y trabajo laboral. Comenzaron de a poco a integrarse en diversos campos, crearon clubes y asociaciones para así democratizar a la sociedad.
ResponderEliminarGracias a esas mujeres, que lucharon contra la cultura Chilena en donde el hombre tenía autonomía sobre todo y la mujer el apoyo de este. Se aferraron para así pelear por la igualdad de género en los ámbitos laborales y políticos. Y con esto ganarnos un lugar en estos aspectos que antiguamente se veían inalcanzable y casi imposibles de conseguir.
Betzabé Pascual
En los primeros tiempos la mujer era solo para fines de reproducción y para realizar las labores del hogar, incluso en las primeras culturas como en Grecia no tenía derechos políticos sino que era considerada como una menor de edad o sea, sus derechos eran limitados al igual que los de los niños.
ResponderEliminarEn nuestros tiempos las cosas han cambiado dentro de la Constitución la mujer es considerada con los mismos derechos del hombre. Se han creado leyes para que el desarrollo en los diversos ámbitos de la vida sea mas igualitario.
Quiero centrarme en una frase que sale en este artículo que es "Saber es Poder", con educación todo se puede lograr es muy importante que nos eduquemos y de hecho muchos logros se han producido porque las mujeres han salido de la casa, se han abierto a nuevos horizontes, posibilidades de trabajo y políticas aprendiendo más y demostrando ser muy capaces.
Maria Paz Olate Luengo